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Colombia, más allá de los rastros del conflicto​



Riohacha, a los 24 días del mes de agosto del 2021

Últimamente han vuelto a mí los recuerdos de mi infancia, que por suerte tuve la dicha de compartir con Yasmin, una niña de origen wiwa que conocí en 5 grado. Aún permanece intacta en mi memoria aquella mañana nostálgica de marzo cuando me relató lo que sería el primer bosquejo de mi acercamiento con el conflicto armado: el desplazamiento forzoso que sufrió a causa de la violencia, desazón de la Colombia maltratada y escandalizada por los rastros de la guerra. Ahora que lo pienso una y otra vez, ya no con el mismo desconocimiento de hace 10 años, su historia se une a la línea incalculable de casos que se han tejido a lo largo del tiempo en nuestro país, cosa que duele y lamento desde lo más profundo de mi ser. Yo no sabía el porqué de su mirada triste cuando nos tropezábamos por el pasillo, cuando se festejaba el día del padre o cuando simplemente se quedaba callada en la última silla de la fila, sin decir nada, como esperando que acabara el tiempo para marcharse. Ahora, después de los años que me ha permitido conocerla, me he dado cuenta de la mujer en la que se ha convertido, y eso me lleva a imaginar la magnitud de la valentía y la fuerza de voluntad que ha tenido para sostenerse frente a las adversidades que sugieren este tipo de sucesos, ¿acaso será esa fuerza de voluntad y el ánimo resiliente el que los une? Y cuando digo esto, me refiero a su resguardo indígena y por supuesto, a las miles de Yasmines que a pesar del destino infortunado que sufrieron se muestran guerreras, en pie de lucha y con la decisión irrevocable de sanar las heridas que en cierto momento fueron motivo de sus desdichas.

Hoy escribo estás líneas por una sola razón, espero puedan ser comprendidas y es la siguiente: “La vida no se hace más fácil o más indulgente, nosotros nos hacemos más fuertes y resilientes”, Maraboli, estaba lejos de equivocarse cuando lanzó esa expresión , sin lugar a dudas la capacidad de sobreponerse ante circunstancias negativas es digno de mérito. Talvez Yasmin aún siga sintiéndose triste, hace unos meses me confesó por primera vez que extrañaba a su padre, que anhelaba un abrazo de él, una sonrisa, o aunque fuese con una fotografía se conformaba, me confesó además, que lloraba a solas cuando veía a sus hermanos abrazar a su padre, que sentía la melancolía que le causaba su ausencia, desgraciadamente la guerra como a muchas otras cosas también se lo arrebató. Pero hoy, con la mayor firmeza que amerita el caso, anhelo que no solo Yasmin, sino también las miles de personas que han sido víctimas del conflicto se animen a soltar sus miedos, a darle una oportunidad de paz a sus corazones; si Yasmin ha sido capaz de trabajar por ello, de borrar esa figura distante que la englobaba en los pasillos de 5 grado, significa que el resto puede hacerlo, con la convicción de desvanecer los rastros de amargura que provoca la violencia. En otros términos, el deseo de Yasmin, se transforma en colectivo porque se mezcla con el resto de historias que narran una realidad cruda que busca hallar la tranquilidad no solo del corazón sino del pensamiento; aunque resulte complejo, es posible sembrar esperanza y resiliencia en la Colombia que en cierto momento se agazapó sobre el asfalto de la guerra.

Con aprecio, cariño y el mismo amor de siempre, Cira Barragán Pushaina

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1 Comment


pedrosado2006
May 01, 2022

Excelente Cira, refleja toda la violencia y el sufrimiento que han vivido muchas mujeres y hombres indígenas, campesinos y colombianos en general

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